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INSIGNIFICANTE

Cada día nacen 275 millones de estrellas.

Y mueren otras tantas.

Mientras lees estas líneas, la Tierra orbita alrededor del Sol a casi 100.000 km/h.

Nuestro sistema solar recorre la Vía Láctea a una velocidad aún más vertiginosa.

Nuestra galaxia se precipita hacia Andrómeda a 720.000 km/h.

Y tú…

Mientras tanto, te crees en el centro del universo.

Los seres humanos se consideran la cúspide de la evolución.

Sin embargo, son solo una especie entre casi 70.000 vertebrados, entre 7 y 100 millones de especies que habitan la Tierra, sin contar los miles de millones de organismos invisibles que hacen posible toda la vida.

Una sola hoja en un árbol inmenso.

No son los más fuertes.

Ni los más rápidos.

Ni los más altos.

Ni los más resistentes.

Ni siquiera los más longevos.

Incluso su inteligencia ya no es un límite.

Los cuervos resuelven problemas.

Los pulpos usan herramientas.

Las abejas se comunican.

Las plantas se alertan entre sí.

Las hormigas ya habían inventado la agricultura mucho antes de la aparición de la humanidad.

Y sin embargo…

Una sola especie es capaz de destruir a miles de otras.

Una sola especie es capaz de incendiar su propio hogar, sabiendo que no puede sobrevivir en otro lugar.

Durante milenios, la humanidad ha buscado lo divino en los cielos… sin comprender que destruye cada día la única inteligencia capaz de mantenerla con vida.

El agua que bebe.

El aire que respira.

Los árboles que producen su oxígeno.

Las abejas que alimentan a sus hijos.

Los océanos que regulan su clima.

Los miles de millones de organismos invisibles sin los cuales no podría vivir ni un solo día.

Busca lo divino…

Sin darse cuenta de que lo está pisoteando.

Porque la naturaleza no es un telón de fondo.

No es un recurso.

Es la inteligencia más antigua que este planeta haya albergado.

Cada especie es un hilo en una vasta red de la que depende el equilibrio de la vida.

Cada una parece tener un lugar.

Una función. Una razón de ser.

Así pues, queda una pregunta:

¿Cuál es la de la humanidad?

¿Qué produce, si no lo que consume?

¿Qué protege, si no lo que posee?

¿Qué deja tras de sí, si no una destrucción masiva?

Una célula que absorbe todos los recursos, prolifera sin límites y destruye el cuerpo que la sustenta tiene un nombre:

Cáncer.

Entonces, ¿qué ha sido de la humanidad para la Tierra?

El día que comprenda que no vino a dominarla…
Sino a servirla.

El día que deje de intentar elevarse por encima de la vida y acepte ser solo una pequeña parte de ella…

Entonces, quizás, finalmente encuentre su lugar.

Ante la inmensidad del Universo…

Ante miles de millones de años de evolución…

Ante el poder silencioso de la biodiversidad y la Madre Tierra…

Los seres humanos somos insignificantes.

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